Mar 31, 2007

Un buen par... de narices


Por Alejandro Rossette

¿Quién necesita a los niños? Cuando alguien les dice que algo es imposible, lo hacen. No entienden razones, corren de aquí para allá con la cara llena de mugre y los mocos secos. Hacen travesuras y se ríen de todo. Sí, los niños son todo un caso. Deberían aprender a comportarse seriamente.

Se creen superhéroes, estrellas de cine o princesas. ¿Qué más da? Se pegan, se raspan las rodillas, los regañas y siempre, inevitablemente, lloran. Además creen que con una mirada “tierna” lo pueden arreglar. Tienen imaginación, no saben lo que pasa en el mundo real, sólo piensan en jugar y jugar. Como dije antes, no entienden razones.

Un buen día, de esos que ellos adoran y nosotros los adultos odiamos, llegó un niño español con una carta. Su amigo croata, con el que mantenía correspondencia postal, le contó que nunca había tenido una fiesta de cumpleaños. Se lo dijo al maestro.

¡Bárbaro atrevimiento del niño catalán! ¿A quién, en su sano juicio y sin recompensa de por medio, se le ocurriría hacer una fiesta de cumpleaños en otro país? Esto no para ahí, ¡no! El inconciente niño desconoce que estamos en 1993 y que hay una terrible guerra en Croacia. Ningún adulto responsable e íntegro dejaría su tranquila y cómoda vida por ir a jugar con una bola de chamacos que no entienden español. ¡Por Dios, los niños sí que piensan tonterías!

Sólo una persona sin amor propio podría hacerle caso a un niño. ¡El colmo! Alguien lo hizo, un tal Pepe Viyuela, tenía que ser payaso. ¿Qué no puede tomar la vida de forma sería y dejarse de niñerías?

Así pues, el 26 de febrero de 1993, el tal Viyuela (personificado como Tortell Poltrona) hizo la dichosa fiesta en Savedrija, Croacia. Ese día nació “Payasos sin Fronteras”. Seguramente, el niño catalán nunca pensó en las terribles consecuencias de sus travesuras.

La historia no termina aquí. A Tortell se le unieron varios adultos imprudentes que creían poder cambiar el mundo. Una cosa es arriesgar la vida propia y otra, muy diferente, es invitar a más personas al matadero… ¿Qué necesidad tienen de hacerse los graciosos a mitad de la guerra?

A estos dichosos “Payasos sin fronteras” se les ocurrió –además de burlarse de las instituciones serias como “Médicos sin fronteras” (¡absurdo!)– exportar sus payasadas. Kosovo, Argelia, Palestina, Irak, Mali y la República Saharaui aceptaron a esta bola de incongruentes que “llevan risas”.

Imaginen… Una niña en Mali, África, no comía, ni siquiera se movía. Tremenda puntada se aventaron estos a actorcillos al hacerla reír y animarla a probar bocado después de semanas. ¿A quién se le ocurre? No contentos con eso, se atrevieron a viajar a Indonesia y Singapur después del tsunami que mató a miles de personas.

Ahí, se la pasaron jugando con globos llenos de agua bajó la excusa de que los pobres niños tenían “miedo al agua” (hidrofobia, para los adultos) y que morirían deshidratados por no beberla. Como si no tuvieran suficiente con tantos ahogados.

Parece broma, pero no, yo soy serio. Incluso tienen “objetivos” en su organización y creen que sus actuaciones son terapia psicológica que ayudan a la población en situaciones de postconflicto o exclusión social. Según ellos, sensibilizan a la sociedad y promueven actitudes solidarias. Al menos eso dicen en su página de Internet: www.clowns.org No contentos, Titu Cleques hizo una declaración incendiaria: “Hay que coger la vida menos seriamente, porque al final no te vas a ir con nada de lo que puedes coger con la mano. Te vas a ir con lo otro, con la amistad, con lo que no puedes coger con la mano”. Ingenuo…

Sobra decir que comienzan a invadir y que un grupo de esos “payasos” quiere hacer lo mismo en México (www.risaterapia.org). Si tú, al igual que yo, crees que esto es una cruel broma, o falta de conciencia, escribe a: alejandro.rossette@gmail.com Quizá podamos hacer algo para ayudarlos.

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